6/01/2006


Te escribo de desde las alturas,
desde aquel monte más elevado
donde surgen arreboles, y
se logran expresar las sensaciones
mas recónditas del ser humano,
y desde ahi, nombro tus finas
cualidades. las alzaré de los brazos,
de sus proezas, y dibujaré una estrella
sobre tus manos; en señal
de lo magno,
de tu existencia.

Recuerdo:
eras fragmento de estrella
que descendia
por el largo trecho
de la vida,
que irrumpias
como fiera al acecho
en mi alma
y despojabas de mi
mi mas fiel compañero,
la razón.
Extraias sus raices,
como fauna de su mar,
ave sin vuelo.
y entre mortales exponias
aquel material.

Ellos:
en su arrumaco
propinaban mandobles
en señal virtuosa
del ocaso próximo,
entre los dedos
se les iba la poesia,
el silbido eterno,
la real labor humana.

La luz ida,
les arrancaban los dientes,
el mar era despojado
de su espiritu,
calaveras montadas
de lugubre arcilla,
cenizas humanas.

Aquella víctima
de lazo eterno
mugía:
el mundo sin poesia
es cuerpo sin voz,
sin tu presencia
de ave dorada,
sin la generosidad sideral
de tus luciérnagas boreales.
sin tu tierra,
sonrisa de ada.

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