
Una mañana:
En los ríos ya no habitaban
sus voces viajeras,
ni mujer melancólica,
ni mujer bravía
se hallaban,
estaban haciendo arbolitos de tristeza.
Más aún,
busque a maria
litoraleña espumosa.
estridente con sus vestidos cromados,
pereció
al aparecer como carta
bajo mis sueños.
Enredado
en sueños de barcas,
el joven
labrador de contrastes,
sin aspas y tres vientos.
encoraba respuestas.
Pero el mundo
se expresaba incipiente,
Y como guerrero solar:
Vió dibujarse flechas por los cielos,
en azulado rostro.
de música,
de suceso,
arpas clavadas
por volutas áureas,
Era:
lo insostenible,
su inspiración,
los rayos destinadamente dirigidos.
Tenía velo dorado,
manos de angel,
mirada que canta,
dos flores en primavera.
y silueta
que condecoraba la américa extrema,
desembocando,
en generosos torrentes
de motivo poético.
como fogata
que recorriste en mis venas,
como canto que recibe tu canto.
Pinceleada por el amor
que te erigió aquel hombre,
te encasillaste
en bovedas azules,
y cuando llovías
salías
en infinito torrente,
bebiéndote
en las costales orillas
las aves,
el navegante y sus velas.
Reluciendo de oxígeno,
al espejo del cielo,
astral fauna marina.
Una y otra vez,
recorres extremo a extremo,
paralelos,
tierras vírgenes.
Te remontas
a sus carencias y vicisitudes,
al llano,
a las faldas de sus sierras.
al limbo
que dejaste en herencia.
y como arrullo del agua
Caes en mi ventana,
deslizándote por mis ojos,
llenando a mi selva errante
de versos,
emociones clandestinas,
inclaudicadas
en tiempo y espacio.
pues, hago tan solo
lo que el viento hace con las hojas.
Plasmarte con pinceles galácticos
sobre la orilla
del horizonte,
creciendo
como rosas,
de versos,
aire...
9/09/2006
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